Todo empieza en ti

Y mi historia, al menos hasta donde he llegado, me ha demostrado que así es.

Tras estudiar Comunicación Audiovisual y empezar a trabajar en diferentes proyectos probando qué es lo que realmente me gustaba y lo que no, supe que quería centrarme en la comunicación digital. Sabía que esa era la forma de poder comunicar una idea o un mensaje a mucha más gente y de una manera más ágil que con canales offline. Con eso en mente, conseguí trabajar en una de las mejores agencias digitales en Barcelona, Runroom, quienes me dieron la oportunidad de formarme y poder trabajar para grandes marcas.

Durante los años que estuve ahí me parecía haber conseguido el trabajo perfecto y con un equipo humano increíble con el que crecía no solamente profesionalmente sino también como persona. Aún así con el paso del tiempo sentía que me faltaba algo y me di cuenta de que lo que me pasaba es que no me veía formando parte de un engranaje en el que yo tan solo era una pieza más. Sentía que tenía algo más que contar al mundo.


Justo en ese momento en el que no tenía claro cuál iba a ser el siguiente paso, tuve una idea de negocio al darme cuenta de lo difícil que había sido para mí encontrar un carpintero en la ciudad para hacer una mesa que quería, y pensé que era un buen problema a resolver. Me obsesioné con la idea y me di cuenta de que lo que me pedía el cuerpo era lanzarme a la piscina y dar forma a mi propia idea para montar un negocio que resolviera esa necesidad que había detectado.

Así que di el salto al vacío que supone muchas veces emprender. Di el paso sin saber muy bien qué me iba a encontrar al otro lado pero con todas las ganas del mundo y sin mirar atrás. Todo el mundo cuenta lo maravilloso que es ser dueño de tu tiempo y que trabajar por tu pasión no es trabajo, pero al cabo de un tiempo me sentía esclava de mí misma y en una rueda de hámster.

Me levantaba y lo primero que hacía era abrir el ordenador. Antes de dormir lo último que hacía era chequear los e-mails. Sentía que nunca tenía suficiente y me costaba poner el punto final al día sintiéndome satisfecha. A menudo me sentía sola y sin saber cómo gestionar esas sensaciones y pensamientos que me venían en el día a día de la vida emprendedora.

Un día me invitaron a una master class en la que se hacía coaching a organizaciones. Me alucinó la forma de trabajar y el cómo poner ciertos aspectos de la empresa encima de la mesa podían desbloquear tanto temas del negocio como de las personas que forman parte de él. Ese fue el día en que me di cuenta que la relación que tenemos con nuestra empresa es como una relación de pareja, y que un negocio en sí está también creado en base a relaciones. El cómo estés o te sientas tú, hacia donde te enfoques y lo que transmites tiene un impacto directo en el negocio.

Así que me di cuenta que si quería cambiar las cosas que no me gustaban de ese momento tenía que empezar por mí misma.

Decidí buscar a un mentor y me daba cuenta que tenía que elegir entre alguien que me asesorara a nivel de negocio o alguien que me apoyara a nivel personal, pero no había nadie que tuviera ambas. Así que elegí a los mejores maestros que podía tener tanto de un aspecto como del otro, para aprender todo lo necesario y poder unificarlo a mi manera para poder hacer mi propio camino en el que vida y negocio van de la mano.

Gracias a haber profundizado y aprendido de mis propios referentes me dio una visión holística de cómo potenciarme como persona para poder también hacerlo con mi negocio. Haber invertido todo ese tiempo y dinero en cultivar nuevos recursos me dio paso a poder vivir mi vida emprendedora más desde el disfrutar el proceso que desde el sentir que voy a contrarreloj.


Haber podido experimentar conmigo misma me ha dado pie a poder compartir todo este aprendizaje y ponerlo al servicio de otras personas, para no solamente potenciar negocios sino también y en primer lugar a las personas que están detrás de ellos.